Un año más hemos renovado el sello de Imprim Vert en Puntes, una certificación con la que confirmamos a nuestros clientes de que todo nuestro proceso, desde el diseño del envase hasta la fabricación de clichés para  flexografía, es respetuoso con el medio ambiente.

Imprim Vert nos ayuda para continuar reforzando medidas que optimicen la gestión de la energía o las condiciones de gestión de residuos, pero además resulta una herramienta necesaria de comunicación y concienciación con nuestros empleados y clientes.

Creemos firmemente en la importancia de seguir informando y sensibilizando a la sociedad de la relevancia de nuestros hábitos y costumbres. Gracias a pequeñas acciones conseguiremos modificar nuestras conductas y automatizar comportamientos más sostenibles.

Es importante que contemos con la información adecuada para que así todos podamos poner en marcha  soluciones realmente eficaces. Dejarnos llevar por noticias impactantes pero poco precisas puede dirigirnos a llevar a cabo acciones individuales de forma errónea.

Seguro que todos hemos visto alguna campaña publicitaria que demoniza el plástico y que convierte a este material fundamental en un problema. El verdadero problema se encuentra en el mal uso y es ahí precisamente donde debemos actuar de forma responsable.

Sustituir el plástico por otro material nos llevaría a consumir el doble de energía, cuatriplicar el gasto en materias primas y aumentar triple de emisiones. Además, esto no resolvería el problema de los residuos generados.

Greenpeace desarrolló un informe titulado “tirando el futuro” donde advertía de las soluciones rápidas y poco eficaces de algunas marcas y supermercados. Por ejemplo, la sustitución de bolsas de plástico por bolsas de papel supondría trasladar el problema hacia otro lugar y pasarlo por ejemplo a la deforestación.

Pantallas, mascarillas, respiradores…han sido objetos hechos con plástico y que han tenido una vital importancia durante la pandemia del covid-19. Debemos considerar el plástico en sí mismo como un recurso y no directamente como un residuo.

El plástico es muy visible en el agua: sin embargo, El 70% de la basura marina proviene de tierra firme por lo que está en nuestras manos que no llegue a los mares y océanos.

La contaminación plástica es una cuestión que se está revisando de forma global, la Comisión Europea ha desarrollado para el 2030 un plan de mejora con el que todos los envases deberán ser reciclables o reutilizables para esta fecha. Este nuevo modelo de Economía Circular se encuentra basado en la eficiencia y eficacia de materiales y la energía y aporta propuestas para la reducción de emisiones de gases con efecto invernadero y reducir la dependencia de materiales fósiles.

En 2017 la industria europea de plástico aportó 32.500 millones de euros. Más de 60.000 empresas y más de 1.5 millones de personas que trabajan de forma directa. Un sector con un peso importante como para implantar medidas que sean perjudiciales para el medio ambiente y además destruyan una industria de tanta relevancia.

Son muchas las empresas que están desarrollando iniciativas que cumplan con los requisitos que marca la UE y que mejoren la reciclabilidad de los envases sin comprometer con ello el mantenimiento del producto.

En el embalaje flexible el uso de monomateriales o materiales mezclados del mismo tipo es la opción idónea para el reciclaje. Sin embargo, en ocasiones los envases requieren la composición de diferentes plásticos para cumplir con los requisitos técnicos y de conservación del alimento. También en este campo hay nuevos desarrollos en el que se puede recuperar el aluminio de los envases mediante una tecnología conocida como pirólisis inducida por microondas. La energía de las microondas se transfiere a los residuos por conducción térmica del carbono proporcionando un mecanismo de transferencia energética y un entorno altamente reductor de sustancias químicas. De este modo resulta posible la recuperación del 100% del aluminio y que resulte posible su uso como materia prima para otros procesos.

Es necesario realizar en primer lugar un análisis del producto a envasar y a partir de ahí aplicar planteamientos de Ecodiseño. Esto implica tener en cuenta las variables de reciclabilidad, reutilización o eficiencia en el transporte.

Con pequeñas medidas se pueden obtener resultados de gran impacto: Un ejemplo de ello es el cambio que se está realizando con los tapones verdes de las botellas de leche. Este color resulta un problema para el proceso de reciclaje ya que acaba tiñendo y afecta a la calidad de la granza del plástico reciclado. Reducir la intensidad de este color o cambiarlo directamente por otro color permite reciclar este material de forma más económica y eficiente.

Debemos ser conscientes de que estas soluciones nos involucran a todos y para el sector del packaging resulta un gran reto y oportunidad la conversión de los residuos en recursos.