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7 claves para elegir tu envase ideal

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¿Estás pensando en modificar el formato de tu envase y no estás seguro de cuál sería la mejor elección? Desde Puntes te damos unas claves para que puedas valorar entre un packaging flexible o rígido.

El formato de envase flexible está en auge en el sector de la alimentación. Para poder decidir qué tipo de envase es más adecuado para nuestro producto en particular, debemos conocer primero las diferencias entre ellos y las ventajas y desventajas de cada uno.

Flexible es todo aquel envase cuya forma se adapta al producto. Suele estar fabricado con plástico, papel o estructuras multicapa. La adaptabilidad de este formato tiene un beneficio indiscutible: necesita menos material que un envase rígido, por lo que el consumo de materias primas es menor, y consecuentemente, también son más ligeros y fáciles de transportar.

Rígido es todo aquel envase que tiene una forma predefinida y, por lo tanto, no se puede modificar. Sería lo que hemos entendido tradicionalmente por ‘envase’: botellas de vidrio, latas o cajas de cartón, por ejemplo. Frente al flexible, tiene una mayor robustez y consistencia, pero también son más pesados y costosos de fabricar y transportar.

Las tendencias actuales apuntan a la predominancia -y cada vez mayor implementación- del envase flexible. De hecho, según un estudio reciente encargado por Flexible Packaging Europe (FPE), el 65% de los consumidores españoles lo consideran más sostenible. A nivel europeo, el 46% de los encuestados señala las altas prestaciones que ofrece en protección y conservación; el 45%, la facilidad de uso, y el 42%, la ligereza. Como curiosidad, tiene especial popularidad entre la población joven en países como Polonia y Francia.

Envase flexible en alimentación

Una de las industrias que más está apostando por el packaging flexible es la alimentaria. Cada vez es más común encontrar en el lineal snacks, productos a granel e incluso líquidos que se envasan de este modo. Resulta muy fácil apilarlos y, al ser menos voluminosos, permiten ahorrar espacio. También ofrecen garantías de conservación de los productos en su interior gracias a los bordes sellados y cierres en forma de zippers o cremalleras. Este sistema facilita su consumo y permite conservar todas las características y aromas del producto incluso una vez abierto.

Hace algunos meses, os contamos cómo muchas marcas estaban apostando por este formato para presentar sus productos en Navidad. Y es que el envase flexible es muy versátil y puede adquirir diferentes formas, desde bolsas de fondo plano a quad seal o doypacks.

Aquí te mostramos algunos ejemplos:

quad seal y doypack

En cuanto a las desventajas de los envases flexibles, podrían citarse razones de diseño, ya que al tener marcados o “sellados” todos sus extremos, puede hacer que la gráfica resulte menos limpia o atractiva. También pueden deformarse con mayor facilidad que los envases rígidos y, aunque en principio su huella de carbono es menor al requerir menos material y menos energía en los procesos, en algunas ocasiones resultan más complejos de reciclar, especialmente los multicapa.

Envase rígido en alimentación

Los envases rígidos responden a la concepción tradicional que tenemos de los envases. Protegen el producto sin que este sufra daño o deterioro y resultan una opción muy cómoda para almacenar galletas (cartón), líquidos o bebidas (cristal) y conservas (latas), entre otros.

Como los flexibles, también tienen pros y contras, y todo depende de las necesidades que tengamos para nuestro producto. Cierto es que se emplea mayor cantidad de material en su fabricación y que su producción es más costosa, pero también son más fáciles de separar para reciclar al final de su vida útil. Conservan muy bien los productos, dado que no se deforman, y aumentan la percepción de calidad por parte de los consumidores en muchos casos, que los perciben como envases «premium». Por contra, son más frágiles en el transporte y almacenaje.

envases rígidos

Envases flexibles vs rígidos: 7 claves

Por supuesto, no todo es blanco o negro, y en muchas ocasiones puede ser interesante mezclar ambos formatos: una caja para el exterior y un envoltorio individual en el interior, por ejemplo.

La premisa principal que debemos tener siempre en mente es la expectativa del consumidor: ¿cómo espera tomar este producto el consumidor? ¿cómo será para él más fácil de abrir, manipular o guardar? ¿qué valores va a anteponer a la hora de comprar un producto de mi categoría? ¿la presentación y el diseño? ¿la sostenibilidad? ¿la percepción de calidad? ¿la correcta conservación?

Depende de la respuesta que demos a estas preguntas, podremos configurar nuestro packaging. Si tienes dudas, dificultades o no sabes por dónde empezar, nosotros podemos ayudarte. En Puntes Packaging Partners asesoramos a marcas como la tuya en su elección de envases flexibles o rígidos, adaptamos su diseño y facilitamos los archivos finales de impresión. Todo para que tú no tengas que preocuparte de nada. ¡Deja en nuestras manos el proceso gráfico! Contáctanos.

Te mostramos a continuación una tabla comparativa con 7 claves de ambos formatos, para que puedas valorar las diferentes opciones según sostenibilidad, preferencias del consumidor, costes de producción y otros factores.

tabal comparativa con 7 claves

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